Manifiesto de las insumisas, rebeldes y desobedientes
Autora: Mireya Lara Saavedra
NOSOTRAS, las que no cabemos en libretos ajenos e impuestos; las que rompimos el corsé de la sumisión y la buena conducta; las que no entramos en el catastro financiero; las que preferimos la intemperie de la verdad al calor del silencio cómplice; y, las que no somos piezas decorativas de una geografía urbana que esconde la vida de miseria, penuria y precarización debajo del cemento; venimos a ocupar un sitio bajo el sol sin pedir permiso para habitar nuestra propia estatura, ni solicitar el visto bueno de los tribunales de la cordura.
De cara al patriarcado, racismo, extractivismo, indiferencia y ausencia estatal; y, frente a la lógica del inventario protocolizado, del contrato civil y del afecto auditado; levantamos nuestra voz y la palabra como una trinchera de libertad, un escudo de arcilla y el incendio en el vientre que la vida alimenta, en un grito que sacude los cimientos de la vieja heredad.
Nuestra sagrada locura es el pulso indómito de la memoria histórica viva que se niega a ser archivo y anestesia doméstica; es la terquedad de mantener los ojos abiertos cuando el dogma exige el parpadeo sumiso. Si tocan a Una, respondemos Todas. El cuidado colectivo es nuestra estrategia política de Resistencia y el espacio público, escenario de disputa y poder social.
Nos declaramos desobedientes al binarismo que nos encasilla; a las leyes que protegen al verdugo feminicida; al gendarme del mercado que tasa la identidad, el afecto y la soberanía del encuentro en las balanzas de su frío monopolio. Somos la huelga general del día a día que no se vende por la tregua del salario ni se esconde en los repliegues de miedo ensayado. Nuestro único pacto es con la comunidad y la sororidad de sus pueblos.
¿Nos saben peligrosas porque somos comunitarias? ¿Acaso el peligro radica en nuestra voz sin velos, en la solidaridad que se teje en las esquinas, veredas y plazas, fuera del catastro oficial de los mercaderes de la vida y la muerte? ¿Peligrosas porque guardamos la oralidad y memoria tejida de los saberes ancestrales de las abuelas y sabias mujeres?
Aquí estamos, en cuerpo comunitario; que los jueces dicten sus censuras de mordaza y los escribas lancen sus anatemas de maldición misógina: Nosotras nos absolvemos en el abrazo soberano de la madrugada, habitando la hermosa y santa desmesura de sabernos libres, colectivas e ingobernables.
