Maullidos Urbanos

Petición de libreros
En respuesta a la declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum del pasado 20 de agosto, en su conferencia matutina, en relación a la crítica situación por la que atraviesa la editorial Era, donde expresó: “No es buena noticia que cierre una editorial de libros. Entonces, hay que ver de qué manera se puede apoyar”, la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), publicó un desplegado donde exponen sus necesidades para su subsistencia,
A través de ese desplegado titulado “Presidenta, compartimos su preocupación”, el gremio de editores detalló que “el cierre de una editorial es una señal de alerta. Ediciones Era no es un caso aislado. Las editoriales y librerías enfrentamos condiciones cada vez más difíciles: la reducción de espacios para la circulación del libro y la ausencia de una política pública permanente de fomento al libro y la lectura”.
Ellos proponen cinco acciones para desarrollar conjuntamente entre gobierno y editores: “1.- Ley del libro. Garantizar su aplicación efectiva para generar condiciones de competencia justa, entre ellas, la aplicación efectiva del precio único; 2.- Establecer una interlocución clara con el sector. La industria requiere comunicación imparcial con el Ejecutivo, que no sea únicamente a través de la editorial del Estado; 3.- Tasa cero de IVA para librerías. Permitir que librerías y distribuidores recuperen el IVA que pagan en su operación, como sucede en las industrias de alimentos o medicinas.
“4.- Reconstruir el sistema de bibliotecas en México. Poner en marcha una política de adquisición y renovación de libros para bibliotecas escolares y para la Red Nacional de Bibliotecas. Han transcurrido siete años desde la última actualización de catálogos; y 5.- Fortalecer la política nacional de lectura. Dinamizar el Programa Nacional de Lectura ya que una adecuada política pública produce efectos en toda la cadena”.
Tras reiterar los editores que el acceso al libro no puede quedar sujeto exclusivamente a las condiciones del mercado, dado que se “requiere la concurrencia de autoridades y particulares para promover que los libros lleguen a escuelas, bibliotecas, comunidades y lectores de todo el país”, concluyen con un llamado a actuar “antes de que la situación de más empresas del sector se vuelva insostenible”.
En realidad el sector librero –integrado por editores y por vendedores, los legales, no los “piratas”–, padece una grave crisis en este sector cultural, por lo cual resulta necesario que la expresión de la presidenta no solo se quede en palabras, sino se concreten en hechos.
Valga recordar que el Fondo de Cultura Económica (FCE), empresa estatal del ramo librero, bajo la dirección del escritor Paco Ignacio Taibo II, no ha funcionado ni operado en favor tanto de los autores de libros como de lectores y, en cambio, ha buscado quedar bien con los llamados “gobiernos” amigos, al regalar colecciones gratuitas dirigidas al público juvenil y alumnados de escuelas normales.
A través de programas “25 para el 25” –desarrollado durante dos años y financiado a través del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (Indep) y “con alianzas internacionales para fortalecer el intercambio literario regional”–, el FCE ha regalado 2.5 millones de libros impresos en catorce naciones de América Latina, como Argentina, Colombia, Cuba, Venezuela, Chile, Uruguay y Honduras, aunque las versiones digitales, dijo, se publicarían posteriormente.
En México también se aplicó ese programa de distribución de libros, pero sin precisar cantidades o destinatarios. Solo se puso como ejemplo el programa “Michoacán Lee”, donde se han entregado dotaciones masivas mediante convenios y a través de redes de librerías, salas de lectura y clubes de lectura del propio Fondo de Cultura Económica.
Pero esas acciones no benefician ni a los escritores ni a las librerías, solo han servido para dar “lustre” al gobierno federal. Es necesario diseñar y ejecutar programas en beneficio del gremio editorial y que llegue a todos los sectores sociales, sin importar situación social o edades, porque la lectura debe ser para todos, incluso alentar a quienes no la acostumbran.
