Maullidos Urbanos

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Evaluar las conferencias mañaneras

Sin duda desde que Andrés Manuel López Obrador fue jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, ya tenía experiencia en el manejo de la información pública según su conveniencia, lo cual perfeccionó desde sus conferencias de prensa a las seis de la mañana, como una forma de marcar la agenda política diaria durante el sexenio de Vicente Fox Quesada.

Este manejo informativo lo perfeccionó después con su eterna campaña proselitista para la presidencia, desarrollada desde 2005 hasta 2018, cuando por fin logró esa meta. Ya como presidente esas conferencias mañaneras tuvieron un sesgo totalmente político electoral, desde donde dictaba órdenes para consolidar su movimiento autodenominado cuarta transformación.

Por su parte Claudia Sheinbaum, como jefa de gobierno capitalina, replicó la conferencia matutina, aunque opacada por la desarrollada desde Palacio Nacional, pero lo que podría calificarse como un forzoso alineamiento a los dictados lopezobradoristas, fue cuando aceptó cambiar el color verde del logotipo de su administración al guinda morenista.

Ya como presidenta, aunque con ajustes menores Sheinbaum mantuvo las conferencias mañaneras, pero después de más un año de encabezarlas los resultados no son los mismos del político tabasqueño, al contrario pueden calificarse de negativos a su gobierno, ya que al carecer del “talento” de su antecesor son varias veces que ha quedado en evidencia.

Desde los regímenes priistas se mantuvo vigente la versión de que el presidente de la república era la persona mejor informada del país, donde no se movía la hoja de ningún árbol sin que tuviera conocimiento el mandatario, versión confirmada por López Obrador, quien cuando no quería responder a alguna pregunta, salía con la frase “yo tengo otros datos”.

Es ahí donde Sheinbaum le ha faltado tacto político para enfrentar a la prensa, ya que además existen “reporteros” infiltrados que en lugar de apoyarla a ella, buscan quedar bien con Jesús Ramírez, su “coordinador de asesores”, mismo que aún responde al expresidente, al igual que muchos de los considerados como “morenistas duros”, defensores a ultranza de la 4-T

Hay ejemplos recientes de cómo ha quedado mal con sus respuestas. Cuando le preguntaron sobre las quejas en contra de Josefa González Blanco, aún embajadora de México en Gran Bretaña, dijo que ese asunto correspondía a la Secretaría de Relaciones Exteriores; del envío de petróleo a Cuba, señaló que era una decisión de Pemex; y de la destitución del director del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), expresó que era un asunto de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación.

Incluso, del último tema surgió una contradicción al argumentar que durante mucho tiempo el CIDE “se orientó a una política económica que correspondía al periodo anterior, que era la neoliberal”, por lo que ahora se busca que las instituciones académicas y centros de investigación tengan “mucha mayor cercanía con los problemas nacionales” y contribuyan al desarrollo del país. “Pero buscamos mucho mayor vínculo con el desarrollo nacional”, afirmó.

Si embargo, la nueva directora interina a Lucero Ibarra, quien además de tener una trayectoria académica en temas de justicia social; perspectiva intercultural y feminista en su investigación, con experiencia administrativa dentro del CIDE, ha recibido el respaldo de esa comunidad, la cual ha sido una severa crítica de la actual administración. Entonces, ¿si critica a quienes han sido identificados como neoliberales, cómo designa a una investigadora crítica?

Pero todas esas decisiones –de la embajadora, de Petróleos Mexicanos y la designación de la directora del CIDE –aunque como interina, en espera de ser ratificada–, entre otras deben ser aprobadas por la presidencia, es decir, que Sheinbaum es finalmente responsable de todas esas decisiones, dado que ningún subalterno se va por la libre para nombrar a sus subalternos o adoptar decisiones trascendentales.

Por todo lo anterior, la presidenta debería evaluar a fondo la necesidad de terminar o, al menos, reconfigurar sus conferencias mañaneras –por ejemplo, hacerlas semanales, como las efectúan gran cantidad de gobernadores y alcaldes morenistas–, de otra forma su imagen ante la sociedad se verá deteriorada cada vez más.

En caso de cambiar el formato de las mañaneras será en su beneficio, aunque no sea del agrado de López Obrador, pero Sheinbaum debe entender que ella es la cabeza del gobierno, quien será evaluada por todos los mexicanos, no solamente por quienes votaron por ella –ya fuera por convicción o por conveniencia–, y las decisiones que tome, sean buenas o malas, serán absolutamente de su responsabilidad, por lo cual así será juzgada por la historia.

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