Maullidos Urbanos

Litio en la incertidumbre
Aunque el pasado 18 de febrero se cumplieron tres años de que el expresidente Andrés Manuel López Obrador firmó el decreto para “nacionalizar” el litio, bajo la promesa de ser el punto inicial para alentar la industria de autos eléctricos en el país, la terca realidad es que la explotación de este mineral se mantiene paralizada y, lo peor, es que de no aprovecharse el momento actual, posiblemente en el corto plazo ya no sea un elemento necesario en la elaboración de pilas.
En el país los mayores yacimientos de litio se ubican en Sonora, Baja California, San Luis Potosí y Zacatecas, aunque la exploración y posible explotación la centralizada el estado a través de LitioMx, tan solo el proyecto en el municipio sonorense de Bacadéhuachi, considerado uno de los más grandes del mundo, la producción comercial enfrenta problemas sobre costos de extracción y tecnologías aplicables, es decir no existe certeza sobre su futuro.
De acuerdo con Eric Ramírez, director para América Latina de Urban Science, aunque el discurso oficial se orientaba a que las armadoras, en algún momento, adquirieran baterías “Hechas en México”, las automotrices no observaron una verdadera fuente de proveeduría en este plan, pues no se ha extraído una sola gota de litio a partir de los yacimientos del país.
Recién se anunció que las baterías de iones de sodio se perfilan este año como una alternativa real al litio en la industria energética global. De esta forma, empresas como CATL y HiNa, en China, aceleran su producción masiva con modelos que alcanzan hasta 175 Wh/kg (vatios-hora por kilogramo) en especial en autos urbanos y almacenamiento renovable.
Si bien esta tecnología no es reciente, ahora gana terreno por su menor costo y mayor seguridad. Además, el sodio al ser abundante en la corteza terrestre y presente en la sal común, reduce la dependencia de minerales críticos y estabiliza precios en un mercado volátil.
De esta forma estas baterías de iones de sodio son acumuladores recargables que emplean iones para almacenar y liberar energía, es decir sustituyen al litio sin modificar el principio electroquímico básico. Su importancia radica en la abundancia natural del sodio, que abarata las materias primas y diversifica la cadena de suministro a nivel global.
Entre las principales ventajas de estas nuevas baterías están ofrecer mayor seguridad, estabilidad térmica y hasta 10 mil ciclos de carga en versiones avanzadas; además, soportan temperaturas de hasta menos 40° C, y aunque almacenan menos energía por kilo que el litio, son ideales donde el costo y la durabilidad pesan más que la autonomía extrema, por lo cual son sirven para almacenar energía solar y eólica, estabilizar redes eléctricas y respaldar centros de datos, al tiempo de reducir riesgos de incendio. Incluso, son óptimas para vehículos eléctricos urbanos y flotas comerciales, donde su precio impulsa la movilidad eléctrica masiva.
Según analistas como BloombergNEF, este año iniciará su despliegue comercial de forma amplia, proyectándose su crecimiento en almacenamiento estacionario hacia 2030.
Por lo tanto, de no acelerarse el proyecto de explotación y transformación del litio en México, entonces se habrá perdido una gran oportunidad de participar en la fabricación de pilas que satisfagan las crecientes demandas de la industria, en especial de la automotriz.
