Maullidos Urbanos

Nada laboral que celebrar
El 7 de octubre de cada año se conmemora la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, con el propósito de concientizar sobre la necesidad de hacer del empleo digno una prioridad en las políticas gubernamentales y empresariales. Lamentablemente, en México no existen muchos motivos que celebrar, dado que las cifras oficiales demuestran que el mercado laboral mantiene distorsiones las cuales perpetúan la pobreza laboral.
Al tercer trimestre de 2026, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reveló que 60.7 millones de personas estaban ocupadas, lo cual podría sugerir que el empleo vive uno de sus mejores momentos, pero la realidad demuestra que el trabajo digno no avanza al mismo ritmo, ya que el 55% de trabajadores están en la informalidad y 60% carece de acceso a instituciones de salud o de protección social. Incluso, entre diciembre de 2025 y agosto de 2026 las plazas laborales con prestaciones se redujeron en 370 mil 159 plazas.
Además, aunque para muchos podría ser innecesario o irrelevante, el Observatorio de Trabajo Digno (OTD) de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza reveló que según el Termómetro salarial 2026, del total de personas empleadas el 86% carece de representación sindical para la negociación colectiva. Esta situación reflejaría la falta de representatividad o defensa legal en caso de un conflicto con la parte contratante, pero lo que debería ser un escudo en ocasiones es un obstáculo cuando ese organismo representativo está más cerca de la parte patronal.
De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un trabajo digno o decente debe tener, sin excepción, derechos laborales garantizados como una contratación estable, condiciones seguras, una jornada de trabajo apegada a lo establecido en la Ley Federal del Trabajo, vacaciones, descansos, licencias y prestaciones; lo cual evidentemente no existe en los trabajos informales. Incluso, debe ser un empleo productivo con un ingreso no solo justo, también remunerador y garantizar la protección y el acceso a la seguridad social. Por ello, ante la falta de uno solo de estas condiciones, la ocupación deja de considerarse trabajo digno.
Además, este organismo internacional destacó que del total de puestos de trabajo formales registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, sólo 48% perciben un salario digno o superior; el resto carece de un ingreso suficiente para cubrir la canasta digna familiar, ubicándose en salarios de sobrevivencia o pobreza.
Paulina Gutiérrez, coordinadora de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, manifestó que un ingreso digno implica “ganar un salario suficiente, que permita cubrir todas aquellas necesidades básicas de la persona trabajadora, pero también de su familia”.
De acuerdo con su perspectiva, “las mayores violaciones al trabajo digno están en la exclusión y la precariedad”. Por ello, aunque el Gobierno presuma un aumento en la tasa de empleabilidad, aún existe una deuda pendiente en las condiciones laborales necesarias para hablar de trabajo digno en México.
Entonces y en contra del discurso oficial expresado diariamente desde Palacio Nacional, en México sea o no 7 de octubre, se incumple con los principios para que gran parte del sector laboral realmente tenga un empleo digno, por lo que la pobreza laboral es una triste realidad para los trabajadores mexicanos.
