UN TRIBUTO A NUESTROS SABERES Y SABORES
Por: Mireya Lara Saavedra
Más que una tradición gastronómica, la Colada Morada y la Guagua de Pan son la máxima expresión del Sumak Kavvsay (Buen Vivir) y de la memoria viva de los Andes. La Guagua de Pan simula el ciclo vital, uniendo el origen (la semilla y la tierra) con el futuro de la comunidad.
En el altar de barro de la tierra andina, surge de la penumbra un fuego ritual, donde la harina negra de maíz camina hacia el encuentro del tiempo ancestral. Humea el caldero con fuerza secreta, hierve la memoria, despierta la raíz y el aire custodia la antigua receta que teje la historia de nuestro país.
Sube el mortiño imponente con su tinta de monte, de páramo y sol; la mora jugosa tiñe la corriente con capas purpúreas de vivo arrebol. La piña reluce dorada y serena, el babaco aromatiza el dulzor, la naranjilla ácida limpia la pena y el capulí regala su amor.
Danzan las hierbas en manto sagrado: la hoja de naranjo, el cedrón perfumado y el ishpingo místico de noble tapiz. Canela y clavo despiertan el viento; sangorache de vida que viste la unión, colada de sangre, de amor y alimento.
Junto a la hoguera de harina madura, nace la Guagua de Pan con primor: figura trenzada de azúcar y cura, que abraza la vida venciendo al dolor. Añoranza de cuna, símbolo y semilla, vestida de colores con trazo sutil, recuérdanos siempre la fe que rebrilla en cada mirada, en cada abril y noviembre.
iOh, banquete sagrado de vida y memoria! Reciprocidad que en la mesa se da, donde los muertos celebran la historia y el pueblo andino cantando estará. Sorbos de tierra, bocado de cielo, tributo sagrado al ser que partió.
